8 AÑOS

César, como verás, todo ha cambiado
desde aquel llanto en que viniste a verme.

César Calvo


Sostengo las sombras perdidas de la noche
son mi claridad, bebidas inútilmente
desde el inicio de tu viaje.

¿Es verdad que allá reposar los pies en ginebra es usual?

Aquí un sonido bello amanece,
ya no parece en vano
tu nombre a la hora del entendimiento
a la hora de mi voz.

Queda hablarle al nombre
escribirte, pobre, desde las palabras,
desde la palma de esta ciudad
y su humedad que colapsa.

¿Qué queda?

Alcanzar tu nombre es fatiga
alcanzarme lo es;
nada parece persistir en el tiempo
sin el gesto suicida que eres tú.

Esculpo una memoria,
una sombra que me ama.